Breve explicación de dos conceptos claves a tener en cuenta en las reclamaciones por defectos constructivos

En muchos casos, cuando en una edificación aparecen defectos constructivos, los abogados especializados en Derecho de la Construcción nos encontramos con interpretaciones erróneas de dos conceptos que discurren íntimamente unidos: los daños estructurales y el seguro decenal. Trataremos por tanto en este artículo de aclarar el verdadero alcance de ambos términos, pues los deslices en cuanto al significado de los mismos pueden conllevar nefastas consecuencias para el consumidor, que crea erróneamente que cualquier daño en su vivienda está cubierto por un seguro decenal o que el concepto de daño estructural comprende, por ejemplo, filtraciones en cubierta o grietas en la fachada, cuando ello ni mucho menos es así.

Solamente podemos hablar de daño estructural cuando el mismo incide en elementos, valga la redundancia, estructurales (cimientos, forjados, pilares, vigas) y además la estabilidad del edificio se ve comprometida por efecto de dicho daño.

Comencemos pues definiendo con claridad qué significa, en el ámbito de los defectos de la construcción, el daño estructural, y para ello debemos dirigirnos en primer lugar a la Ley de Ordenación de la Edificación (L.O.E.), en concreto a su artículo 17, que regula las responsabilidades de los agentes intervinientes en el proceso constructivo.

Así, nos dice el primer apartado del referido artículo que los agentes intervinientes en el proceso edificatorio responderán “Durante diez años, de los daños materiales causados en el edificio por vicios o defectos que afecten a la cimentación, los soportes, las vigas, los forjados, los muros de carga u otros elementos estructurales, y que comprometan directamente la resistencia mecánica y la estabilidad del edificio”.

O dicho de otro modo, para que podamos hablar de la existencia de un daño estructural deben darse dos condiciones de forma simultánea:

R

Que los vicios o defectos incidan en elementos estructurales (básicamente cimientos, vigas, pilares, forjados y muros de carga).

R
Que comprometan la estabilidad del edificio.

Las simples humedades o las grietas en la fachada o tabiques interiores de la vivienda nunca podrán ser considerados daños estructurales.

Así las cosas, siguiendo con los ejemplos anteriores, no podremos hablar en ningún caso de daños estructurales cuando tengamos filtraciones en cubierta o grietas en una fachada de ladrillo, pues ni la cubierta ni la fachada forman parte de la estructura de la edificación. A sensu contrario, sí hablaremos de defectos estructurales cuando, por ejemplo, debido a deficiencias en la compactación del terreno, la cimentación esté cediendo, pues en tal caso el daño sí incide en un elemento estructural (cimentación) y además pone en peligro la estabilidad de la edificación.

El conocido como “seguro decenal” solamente cubre los daños o defectos estructurales, en ningún caso la cobertura se extenderá a defectos de habitabilidad.

Dejando claro lo anterior, pasemos al seguro decenal y sus coberturas. Al igual que en el anterior caso, debemos acudir a la Ley de Ordenación de la Edificación (art. 19) que nos habla de un “Seguro de daños materiales, seguro de caución o garantía financiera, para garantizar, durante diez años, el resarcimiento de los daños materiales causados en el edificio por vicios o defectos que tengan su origen o afecten a la cimentación, los soportes, las vigas, los forjados, los muros de carga u otros elementos estructurales, y que comprometan directamente la resistencia mecánica y estabilidad del edificio”.

Vemos, con una simple lectura, que en buena parte el art. 19 copia literalmente lo dispuesto en el art. 17, esto es, la póliza decenal de daños se limita a los daños estructurales y no contempla la cobertura de daños de habitabilidad o funcionalidad. Ha se señalarse además que, conforme a la disposición adicional segunda de la LOE, el seguro decenal es el único obligatorio para el promotor, de forma que el resto de seguros a los que el art. 19 hace referencia (habitabilidad y acabados) serán de suscripción voluntaria y de hecho, en la práctica diaria, inexistentes.

Determinar el tipo de defecto que padece la edificación (acabado, habitabilidad o estructural) es un primer paso esencial para saber si nos encontramos dentro de los plazos de garantía establecidos en la Ley de Ordenación de la Edificación.

Decíamos al inicio del artículo que una incorrecta interpretación de la extensión de la póliza decenal o del concepto “daño estructural” puede causar serios problemas al comprador de vivienda. Y ello por un motivo evidente, y es que solamente los defectos estructurales están cubiertos por una garantía de diez años tras la terminación de la edificación, mientras que el resto de defectos o vicios constructivos solamente están cubiertos por una garantía de tres años (defectos de habitabilidad y funcionalidad) o un año (defectos de acabado). Así, si consideramos erróneamente que una grieta en la fachada es un defecto estructural y confiadamente dejamos pasar el tiempo, es altamente probable que hayamos excedido los plazos previstos en la L.O.E. y veamos imposibilitada la acción judicial (en sucesivos artículos trataremos la problemática de la caducidad y la prescripción de las acciones por defectos constructivos).

Por todo lo anterior cabe recomendar que ante la aparición de defectos constructivos en una edificación se proceda a su diagnóstico lo más rápidamente posible para asegurar que eventuales reclamaciones judiciales podrían llevarse a cabo dentro de los plazos previstos en la Ley de Ordenación de la Edificación.

En caso de dudas ante el contenido de este artículo o si su vivienda está afectada por defectos constructivos no dude en ponerse en contacto con nosotros. Analizaremos su caso de forma totalmente gratuita y sin compromiso.

Daños estructurales y seguro decenal
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